jueves, 15 de junio de 2017

Lección 166 | Se me han confiado los dones de Dios.

Armonía Interior 


LECCIÓN 166

Se me han confiado los dones de Dios.

Se te ha dado todo. La confianza que Dios tiene en ti es infinita. Él conoce a Su Hijo. Él da sin hacer excepciones y sin reservarse nada que pudiera contribuir a tu felicidad. Sin embargo, a menos que tu voluntad sea una con la Suya, no podrás recibir Sus dones, Mas ¿qué podría hacerte pensar que hay otra voluntad aparte de la Suya?
He aquí la paradoja que sirve de fundamento a la fabricación de este mundo. Este mundo no es la Voluntad de Dios, por lo tanto, no es real. No obstante, aquellos que creen que lo es no pueden sino creer que hay otra voluntad, la cual produce efectos opuestos a los que Él dispone. Esto es claramente imposible; mas la mente de aquel que contempla el mundo y lo juzga como real, sólido, digno de confianza y verdadero cree en dos creadores; o mejor dicho en uno: él mismo. Mas nunca en un solo Dios.
Todo aquel que alberga creencias tan extrañas como éstas no puede aceptar los dones de Dios pues se ve obligado a creer que aceptarlos, por muy evidentes que se vuelvan, por muy grande que sea la urgencia con la que se le exhorta a reclamarlos como propios, es verse presionado a traicionarse a sí mismo. Por lo tanto, tiene que negar la existencia de dichos dones, contradecir la verdad y sufrir para preservar el mundo que él mismo construyó.
He aquí el único hogar que cree conocer. He aquí la única seguridad que cree poder encontrar. Sin ese mundo que él mismo construyó se siente como un paria, sin hogar y preso del miedo. No se da cuenta de que en ese mundo es donde en verdad es presa del miedo y donde no tiene un hogar; donde es un paria que en su vagar se ha alejado tanto de su hogar, y por tanto tiempo, que no se da cuenta de que se ha olvidado de dónde vino, adónde va, e incluso de quién es en realidad.
No obstante, los dones de Dios lo acompañan en su solitario e insensato vagar, aunque él no se dé cuenta, No puede perderlos. Pero no ve lo que se le ha dado. Continúa errante, consciente de la futilidad que le rodea por todas partes, viendo como lo poco que tiene no hace sino menguar, conforme él sigue adelante sin ir a ninguna parte. Pero aún así, continúa deambulando en la miseria y en la pobreza, solo, aunque Dios está con él, y en posesión de un tesoro tan grande que, ante su magnitud, todo lo que el mundo ofrece no tiene ningún valor.
Su aspecto da lástima; está cansado y rendido; viene harapiento, y los pies están ensangrentados por los abrojos del camino que ha venido recorriendo. No hay nadie que no se haya identificado con él, pues todo el que viene aquí ha seguido la misma senda que él recorre, y se ha sentido derrotado y desesperanzado tal como él se siente ahora. Mas, ¿es su situación realmente trágica, si te percatas de que está recorriendo el camino que él mismo eligió, y que no tiene más que darse cuenta de Quién camina a su lado y abrir sus tesoros para ser libre?
Éste es el ser que has elegido, el que forjaste para reemplazar a la realidad. Éste es el ser que defiendes ferozmente contra toda muestra de razón, toda prueba, así como contra todos los testigos que te pueden demostrar que eso no es lo que tú eres. No les haces caso. Sigues el camino que te has trazado, cabizbajo, no vaya a ser que captes un atisbo de la verdad, te libres del autoengaño y quedes en libertad.
Te retraes temerosamente no vaya a ser que sientas el toque de Cristo sobre tu hombro y percibas Su amorosa mano apuntando hacia tus dones ¿Cómo podrías decir entonces que la pobreza te acompaña en el exilio? Él te haría reír de semejante percepción de ti mismo. ¿Cómo podrías entonces seguir teniendo lástima de ti mismo? ¿Y qué pasaría entonces con toda la tragedia que procuraste para aquel que Dios dispuso que gozase únicamente de dicha?
Tu miedo ancestral te ha salido al encuentro ahora, y por fin la justicia ha dado contigo. Cristo ha puesto Su mano sobre tu hombro, y ya no te sientes Solo. Piensas incluso que el miserable yo que creíste ser tal vez no sea tu verdadera Identidad. Tal vez la Palabra de Dios sea más cierta que la tuya. Tal vez los dones que Él te ha dado son reales. Tal vez tu plan de mantener a Su Hijo sepultado en el olvido y de seguir por el camino que elegiste recorrer separado de tu Ser no lo ha engañado del todo.
La Voluntad de Dios no se opone a nada. Simplemente es. No es a Dios a Quien has aprisionado con tu plan de querer perder tu Ser. Él no sabe nada de un plan tan ajeno a Su Voluntad. Hubo una necesidad que Él no entendió, y Él simplemente dio una Respuesta. Eso es todo, y tú, a quien se le ha dado esa Respuesta, no tienes necesidad de nada más.
Ahora vivimos, pues ahora no podemos morir. El deseo de morir ha recibido respuesta, y la vista mediante la cual se contemplaba a la muerte ha sido substituida por una visión que percibe que tú no eres lo que pretendes ser. Uno que marcha a tu lado le ofrece a cada uno de tus temores esta piadosa respuesta: "Eso no es cierto" Cada vez que el pensamiento de pobreza te oprime, Él te recuerda todos los dones que posees, y cuando te percibes solo y atemorizado, te recuerda que Él siempre está a tu lado.
Y te recuerda también algo más que tú habías olvidado. Pues al tocarte ha hecho que seas igual que Él. Los dones que posees no son sólo para ti. Ahora tienes que aprender a dar lo que Él vino a ofrecerte. Ésta es la lección que está implícita en lo que Él da, pues Él te ha salvado de la soledad que quisiste forjar para ocultarte de Dios. Él te ha recordado todos los dones con los que Dios te bendijo. Te habla asimismo de aquello en lo que se ha de convertir tu voluntad cuando los aceptes y reconozcas que son tuyos.
Los dones de Dios te pertenecen, y se te han confiado para que se los des a todos aquellos que eligen recorrer el solitario camino del que tú te has escapado. Ellos no entienden que lo único que están haciendo es ir en pos de sus deseos. Ahora eres tú quien les tiene que enseñar. Pues has aprendido de Cristo que hay otro camino que pueden recorrer. Les puedes enseñar esto demostrándoles la felicidad que colma a aquellos que sienten el toque de Cristo y que reconocen los dones de Dios. No permitas que tus pesares te tienten a no ser fiel a tu cometido.
Tus suspiros no harían ahora sino truncar las esperanzas de aquellos que cuentan contigo para su liberación. Tus lágrimas son las suyas. Si enfermas, no haces sino impedir su curación. Tus temores no hacen sino enseñarles que los suyos están justificados. Tu mano se convierte en la que otorga el toque de Cristo; tu cambio de mentalidad se convierte en la prueba de que quien acepta los dones de Dios jamás puede sufrir por nada. Se te ha encomendado liberar al mundo de su dolor.
No lo defraudes. Conviértete en la prueba viviente de lo que el toque de Cristo puede ofrecerle a todo el mundo. Dios te ha confiado Sus dones. ¡Que tu felicidad dé testimonio de la gran transformación que experimenta la mente que elige aceptarlos y sentir el toque de Cristo! Ésa es tu misión ahora. Pues Dios les ha encomendado a todos los que reciben Sus dones que a su vez los den. Él ha compartido Su gozo contigo. Ahora tú vas a compartirlo con el mundo.

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miércoles, 14 de junio de 2017

Lección 165 | Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios.

Armonía Interior 



LECCIÓN 165

Que mi mente no niegue el Pensamiento de Dios.

¿Qué es lo que hace que este mundo parezca real sino tu negación de la verdad que se encuentra más allá de él? ¿Qué otra cosa sino tus pensamientos de aflicción y de muerte ensombrecen la perfecta felicidad y vida eterna que la Voluntad de tu Padre dispone para ti? ¿Y qué otra cosa sino las ilusiones podrían ocultar lo que no puede ser ocultado? ¿Qué podría privarte de lo que te pertenece sino tu propia decisión de no verlo, al negar que se encuentra ahí?
El Pensamiento de Dios te creó. Y no te ha abandonado, ni tú has estado nunca separado de él ni siquiera por un instante. Te pertenece. Gracias a él vives. Es tu Fuente de vida, pues te mantiene unido a él, y todo es uno contigo porque él jamás te abandonó. El Pensamiento de Dios te protege, cuida de ti, hace que tu lecho sea mullido y allana tu camino, al iluminar tu mente con gozo y amor. Tanto la eternidad como la vida eterna refulgen en tu mente porque el Pensamiento de Dios no te ha abandonado y todavía se encuentra en ti.
¿Quién negaría su seguridad, su paz, su alegría, su curación y tranquilidad de espíritu, así como su sereno descanso y apacible despertar, si reconociese dónde se encuentran? ¿No se prepararía de inmediato para salir a su encuentro, abandonando todo lo demás como algo sin valor en comparación? Y una vez que los hubiera encontrado, ¿no se aseguraría de que permanecieran con él y él con ellos?
No niegues el Cielo. Hoy se te concede sólo con que lo pidas. No es necesario tampoco que percibas cuán grande es este regalo ni cuánto habrá cambiado tu mente antes de que te llegue. Pídelo y se te concederá. La convicción radica en él. Hasta que no le des la bienvenida como algo que te pertenece, seguirás en la incertidumbre. Mas Dios es justo. No tienes que tener certeza para recibir lo que sólo tu aceptación puede otorgar.
Pide con fervor. No tienes que estar seguro de que lo que estás pidiendo es lo único que deseas. Mas cuando lo hayas recibido sabrás que estás en posesión del tesoro que siempre anhelaste. ¿Por qué otra cosa ibas a querer intercambiarlo? ¿Qué podría inducirte ahora a dejarlo desaparecer de tu extática visión? Pues verlo te demuestra que has cambiado tu ceguera por los ojos videntes de Cristo, y que tu mente ha decidido abandonar la negación y aceptar el Pensamiento de Dios como tu herencia.
Y ahora las dudas son cosa del pasado, el final de la jornada es indudable y se te ha concedido la salvación. Ahora el poder de Cristo mora en tu mente, para que puedas curar tal como fuiste curado. Pues ahora te cuentas entre los salvadores del mundo. Ése es tu único destino. ¿Consentiría Dios acaso que Su Hijo permaneciese eternamente hambriento por haberse negado a sí mismo el sustento que le es menester para poder vivir? La abundancia mora en él, y la privación no puede separarlo del Amor vivificante de Dios, ni de su hogar.
Practica hoy lleno de esperanza. Pues tener esperanzas está ciertamente justificado. Tus dudas no tienen sentido, pues Dios goza de perfecta certeza. Y el Pensamiento de Él nunca está ausente. La certeza no puede sino morar en ti que eres Su anfitrión. Este curso elimina toda duda que hayas interpuesto entre Él y tu certeza acerca de Él.
Contamos con Dios, no con nosotros mismos, para que nos dé certeza. Y en Su Nombre practicamos tal como Su Palabra nos indica que hagamos. Su certeza se encuentra tras cada una de nuestras dudas. Su Amor, tras cada uno de nuestros temores. El Pensamiento de Él todavía se encuentra en nuestras mentes más allá de todo sueño, tal como Su Voluntad dispone.

165

martes, 13 de junio de 2017

164 | Ahora somos uno con Aquel que es nuestra Fuente.

Armonía Interior 


LECCIÓN 164

Ahora somos uno con Aquel que es nuestra Fuente.

¿En qué otro momento sino ahora mismo puede reconocerse la verdad? El presente es el único tiempo que hay. Y así, hoy, en este mismo instante, ahora mismo, podemos contemplar lo que se encuentra ahí eternamente, no ante nuestra vista sino ante los ojos de Cristo. Él mira más allá del tiempo y ve la eternidad representada allí. Él oye los sonidos que engendra el insensato y ajetreado mundo, aunque muy levemente. Pues más allá de ellos Él oye el himno del Cielo y la Voz que habla por Dios con más claridad, con más sentido y más de cerca.
El mundo desaparece fácilmente ante Su vista. Sus sonidos se vuelven más tenues. Una melodía procedente de mucho más allá del mundo se vuelve cada vez más clara: una Llamada ancestral a la que Cristo da una respuesta ancestral. Tú reconocerás tanto una como otra, pues no son sino tu propia respuesta a la Llamada que te hace tu Padre. Cristo responde por ti, haciéndose eco de tu Ser, usando tu Voz para dar Su jubiloso consentimiento y aceptando tu liberación por ti.
¡Cuán santas son tus prácticas hoy, al darte Cristo Su visión, al oír por ti y al contestar en tu nombre la Llamada que Él oye! ¡Cuán serenos son los momentos que pasas con Él, más allá del mundo! ¡Cuán fácilmente te olvidas de todos tus aparentes pecados y dejas de recordar todos tus pesares! En este día se dejan de lado las aflicciones, pues a ti, que hoy aceptas los dones que él te da, te resultan claros los sonidos y las vistas procedentes de aquello que está más cerca de ti que el mundo.
Hay un silencio que el mundo no puede perturbar. Hay una paz ancestral que llevas en tu corazón y que no has perdido. Hay en ti una sensación de santidad que el pensamiento de pecado jamás ha mancillado. Hoy recordarás todo esto. La fe con la que practiques hoy te aportará recompensas tan grandes y tan radicalmente diferentes de todas las cosas que antes perseguías, que sabrás que ahí está tu tesoro y tu descanso.
Éste es el día en que todas las vanas imaginaciones se descorren como si de una cortina se tratase, para revelar lo que se encuentra tras ellas. Ahora se hace visible lo que realmente está ahí, mientras que todas las sombras que parecían ocultarlo simplemente se sumergen en la nada. Ahora se recupera el equilibrio, y la balanza del juicio se deja en manos de Aquel que juzga correctamente. Y mediante Su juicio, se desplegará ante tus ojos un mundo de perfecta inocencia. Ahora lo contemplarás con los ojos de Cristo. Ahora su transformación te resultará evidente.
Hermano, éste es un día sagrado para el mundo. La visión que se te ha concedido, la cual procede de mucho más allá de todas las cosas del mundo, las contempla ahora bajo una nueva luz. Y lo que ves se convierte en la curación y salvación del mundo. Tanto lo valioso como lo insignificante se percibe y se reconoce tal como es. Y lo que es digno de tu amor recibe tu amor, y no queda nada que puedas temer.
Hoy no juzgaremos. No recibiremos sino aquello que nos llega procedente de un juicio que se emitió desde más allá del mundo. Nuestras prácticas de hoy se convierten en un regalo de gratitud por nuestra liberación de la ceguera y de la aflicción. Todo cuanto veamos no hará sino aumentar nuestra dicha, pues su santidad refleja la nuestra. Nos alzamos perdonados ante los ojos de Cristo, tal como el mundo se alza perdonado ante los nuestros. Bendecimos al mundo al contemplarlo en la luz en la que nuestro Salvador nos contempla a nosotros, y le ofrecemos la libertad que se nos ha dado a través de Su visión redentora, no a través de la nuestra.
Descorre la cortina durante tus prácticas renunciando simplemente a todo lo que crees desear. Guarda tus frívolos tesoros, y deja un espacio limpio y despejado en tu mente donde Cristo pueda venir a ofrecerte el tesoro de la salvación. Él necesita tu santísima mente para salvar al mundo. ¿Acaso no es este propósito digno de ser tu objetivo? ¿No es la visión de Cristo algo digno de procurarse en lugar de todos los objetivos mundanos que no producen ninguna satisfacción?
No dejes que este día transcurra sin que los regalos que tiene reservados para ti reciban tu aprobación y aceptación. Si los reconoces, podemos cambiar el mundo. Tal vez no puedas ver el valor que tu aceptación de ellos le ofrece al mundo. Pero sin duda quieres esto: poder cambiar todo sufrimiento por dicha hoy mismo. Practica con fervor y ése será tu regalo. ¿Iba Dios a engañarte? ¿Podría dejar Él de cumplir Su promesa? ¿Le negarías lo poco que te pide cuando Sus Manos le ofrecen a Su Hijo la salvación en su totalidad?

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